you keep smiling despite the problems, you have to keep loving even though you have your heart broken, you have to continue to live intensely, despite the obstacles.

sábado, 25 de agosto de 2012

todavia no le puse nombre



1

Ya había salido el sol, y su luz me despertaba. Me había quedado dormida leyendo, la luna había brillado como nunca y lo había aprovechado. Me destape y baje del árbol, todavía en pijama. Eran las diez de la mañana. La mañana era fresca, pero el sol estaba radiante. En mi preferencia, el clima ideal. Tenía planeado ir a la casa de Jacaranda, íbamos a ir al lago de la montaña a cabalgar. Seguramente también vendrían Berni y Alhelí.
Seguí el caminito que llevaba a la casa. Allí vivían mamá, papá y Jacinto, mi hermana. A la abuela y a mi nos gustaba dormir al aire libre. Por eso ella tenía su cuarto fuera de la casa donde el viento podía entrar y salir a su gusto, donde el sol llegaba a cada rincón, donde las hormigas podían entrar con solo un paso. Yo por mi parte era un poco más salvaje, mi “habitación” estaba conformada por una cama colgada de dos árboles, y una mesita de luz que también estaba colgada,  a unos cinco metros de altura. La mayoría de los magos jóvenes, dormíamos colgados de dos arboles. Me encantaba dormir allá arriba, me sentía en mi propio mundo, podía ver todo y casi nadie me veía.
La casa estaba ubicada en el interior del bosque, a un kilómetro del pueblo. Era una casa grande y amplia. Toda revestida en madera por el interior y con grandes ventanales. Tenía tres pisos; en el de abajo estaba la cocina, el comedor, la sala de estar, el invernadero que tanto quería la abuela, el establo donde guardábamos a mi yegua Shirley, y teníamos un patio en la parte trasera; en la parte de arriba estaban las habitaciones de mamá y papá, y de Jacinto, el estudio de arte de mamá, y allí tenía un cuarto especial para mi donde generalmente hacia los deberes del colegio o estaba con mis amigos. Lo que más me gustaba de mi casa era el tercer piso, era como una cúpula grande en el medio del techo. Estaba toda hecha de vitrales, que habían hecho mis tatarabuelos, hacia mucho tiempo. Cuando era niña siempre iba ahí a jugar, la luz entraba por los vidrios de diferentes colores y toda la habitación quedaba coloreada reflejando la historia de como con tiempo y paciencia una oruga se convertía en mariposa. Ese lugar tenía aroma a madera de algarrobo, azaleas y césped recién cortado. Nunca supe como todos esos aromas llegaron allí arriba, aunque según la abuela Lia, esa era una habitación especial, y que cada quien olía algo distinto y singular.
Entré en la cocina. estaban todos. Mamá había hecho tostadas, y mermelada de arándanos cacera. Papá, como siempre, me había hecho la leche. Me senté y mamá me hablo - ¿Qué vas a hacer hoy? Con papá teníamos planeado ir a visitar a los primos esta semana, pero Lia dice que tiene cosas que hacer. ¿Preferís quedarte con ella, o venir con nosotros?
- No, me quedo con la abuela. Hoy arreglamos para ir al lago, y ya tengo planes para mañana, vayan ustedes.
-Bueno. Jaz, termina de desayunar y anda a cambiarte, así podemos salimos salir y llegar temprano.
Termine de desayunar y también me fui a cambiar. Antes de que descubriéramos que había magia dentro de mi, yo también dormía en la casa .Hacía medio año no más que era una bruja, y había decidido pasar mis noches con las estrellas, como todos. Había esperado mucho tiempo para que mis poderes llegaran solo para poder tener la libertad de soñar junto a la luna, y mecerme con el viento. Había terminado el colegio primario, y la magia había aparecido en el momento justo para que pudieran anotarme en el Colegio Secundario para Magos y Brujas. Bernardo, Jacaranda y Alhelí también eran magos. En mi casa todos esperábamos que Jaz también lo fuera, hasta el momento no había mostrado indicios. Generalmente la chispa de la magia nos pica entre los 9 y los 12. Mi flecha nos había vuelto loco a todos en casa, más que nada a la abuela, había llegado un mes antes de mi cumpleaños decimo segundo. Jaz recién tenía diez, dos años más para que saltaran sus chispas-
Decidí ponerme una maya blanca y violeta, con unos voladitos. Arriba me puse un vestido blanco estilo musculosa, con la espalda descubierta. Elegí unas sandalias con una flor blanca en la punta, y un sombrero de paja con un lazo blanco también. A este le agregue dos flores de la planta de pervinca, que había en nuestro jardín. Fui al establo, cepille a Shirley y le di dos manzanas. Salude a todos en casa, le dije a mamá que le mandara saludos a los tíos, ensille a mi yegua, y me dirigí a lo de Jacaranda.

2

Shirley era una yegua joven. Hacía unos seis años, una de las potras de la familia Marconati había tenido una cría y amablemente nos la habían regalado, ya que nuestras familias eran muy amigas y hasta ese momento no teníamos caballos. 
Para ir a lo de Jacaranda se podían tomar dos caminos, el del río y el del pueblo. Como iba con Shirley, tome el camino del pueblo. Por este cruzabas el Puente de los Otoños Eternos, y bajabas a calle Whiteville, por la cual llegabas al centro del pueblo. Este eran tres cuadras donde se encontraba todo lo que uno necesitaba, muebles, alimentos, ropa, y demás. En la segunda calle se encontraba una plazoleta, con dos grandes olmos donde los niños se trepaban y jugaban. A mi gusto me gustaba más el camino del río, donde pasabas por debajo del puente, y viajabas por las aguas entre las luces que se colaban entre los árboles. Además era mucho más corto, y por lo tanto se llegaba más rápido.
Llegué a lo de Jacaranda, me estaba esperando con una tarta de zapallitos, jugo de naranja recién exprimido, y para postre una tarta de frambuesas. Terminamos de comer y fuimos a buscar a Bernardo y Alhelí.
Berni vivía en el centro, su madre era la costurera del pueblo y su padre profesor de encantamientos en el Colegio Secundario. La mamá de Berni, Sofina, hacia la mayoría de los vestidos que usábamos las chicas del pueblo. Yo tenía un par, uno de ellos era mi favorito. Era de color celeste, con mangas tipo princesa y un moño en la espalda, tenía volados en el final, y unas margaritas muy chiquitas cocidas en estos.
Era una mujer muy amable, siempre sonriendo, que le deseaba el bien a todo el mundo. A mi me agradaba mucho, y supongo que yo a ella. En realidad, todos la queríamos mucho en el pueblo.
Giuseppe, el padre de Berni, en cambio era muy conocido por todos, y más por los magos estudiantes, porque era sumamente estricto dando clases. Era un mago con mucha habilidad, y resultaba asombrosa la capacidad que tenía para resolver los problemas usando sus capacidades. Aunque rara vez se lo veía realizar magia avanzada, fuera de su estudio.
El año pasado en una de sus clases, le había hecho pasar al frente a Bernardo, su propio hijo, a que haga levitar a su compañero de banco. Berni, asustado porque había olvidado practicar, trato de negarse, pero su padre le insistió y al ver que su hijo se oponía, le dijo que tenía que hacerlo levitar a él, en vez de a su compañero. Lamentablemente para el Profesor Marconati, su propio hijo lo hiso caer desde dos metros de altura, enfrente de toda la clase. Todos los estudiantes se acuerdan de ese episodio, muy a menudo, y se siguen riendo igual que la primera vez. En ese momento, el señor Marconati, lo único que hiso fue ponerle un uno a su hijo. Cuando llegaron a casa, Berni recibió tremendo reto. Tuvo que cortar el pasto, lavar los platos, y ayudar a su tío en la carpintería, por dos semanas. Después de aquel accidente, nunca se olvido de practicar para la asignatura de su padre.
Llegamos a la casa de los Marconati, Sofina estaba arreglando la enredadera que subía por el muro de enfrente, mientras una escoba barría por si sola las hojas que caían. –Buenos días, Sofina ¿Cómo estas?- Bien, bien, chicas. Pasen, Berni esta en el jardín de atrás con Marto. Dejen los caballos en el establo por favor ¿o ya se van? – No, los dejamos afuera, ya nos vamos.- Pedimos permiso y entramos.
La casa de Berni, era una de mis favoritas. Al frente se veía un muro, al cual se trepaba una madreselva, llenando el frente de colores y de un perfume embriagador. Se entraba por una gran puerta de madera. Detrás del muro, se encontraba el jardín más hermoso y colorido que hubiera visto, con madreselvas, rosas, jazmines, tulipanes, margaritas, hortensias, jacintos y mis favoritas, las azaleas, del cual, mi nombre.
Cuando uno entraba a la casa, se sentía una fragancia a lavanda y roble, ya que todos los muebles de la casa estaban hechos de este. Lo primero que uno veía era una espaciosa sala de estar, con chimenea, sillones, una mesita ratona y un mueble en el que el Sr. Giuseppe guardaba sus amadas pipas coleccionables. Además había portarretratos de todos los de la familia y sus amigos. Siempre que entraba me paraba delante de uno, en el que estaba nuestra familia, con los Marconati, los Leguis y los Moon. Éramos como una familia gigante, nuestros bisabuelos habían ido juntos al colegio, y desde ese momento nunca más nos habíamos separado.
Luego se pasaba a la cocina, que daba al jardín, al establo, y por la cual se accedía a la sala de costura de la madre de Berni. El jardín era tan amplio y grande,  que poseía tanto espacio para albergar dos  jacarandas. De estos colgaba la cama de Berni, y una hamaca, que yo adoraba.  También lleno de plantas y flores variadas. Al cruzar el jardín se encontraba el estudio de magia del Sr. Giuseppe, donde el gran mago descubría los secretos que escondía la magia. Las únicas personas que habían entrado ahí eran Sofina y Giuseppe, les estaba terminantemente prohibido entrar a los niños.
Encontramos a Berni acostado en su cama, jugando con el pobre de Marto. Alzamos vuelo y nos sentamos en unas ramas del árbol. Nos quedamos calladas, hasta que Berni hablo: -¿Ustedes qué piensan qué pasara si lo tiro?- Jacaranda y yo abrimos de par en par los ojos ¡Este chico estaba loco! Y para poder argumentar nuestro pensamiento, lanzo al pobre perro por el aire. Al mismo instante que lo soltó, salte de la rama en su ayuda. Un metro antes del suelo, el perro desapareció, y en su lugar pude ver una paloma blanca, que descendía del suelo con total naturalidad. Nos habíamos olvidado de que Marto era un animal mágico, y podía cambiar de forma, y nuestro amigo al darse cuenta de nuestro olvido, lo había tirado. Simplemente para que nos molestarnos y hacer que saltáramos del árbol por el miedo.

Una vez abajo, Bernardo bajo volando, riéndose y feliz porque su broma había salido como él esperaba. – ¡Sos un bobo!- le dije, y le di un empujón. – ¿Podemos irnos ahora, que ya te divertiste? – ¿Yo? ¿Un bobo? Vos porque no viste las caras que pusieron en el momento que solté a Marto.-Y volvió a reír. –Si, ustedes salgan. Tengo que ir a buscar mi mochila arriba, y sacar a Lupe del establo.-

3

Bernardo era el chico mas lindo que conocía. Era colorado, con ojos de un color verde azulado, lleno de pecas y alto. Cuando quería podía ser muy tierno. Se lo conocía por su inteligencia y fuerza. Aunque capas, era algo egocéntrico y orgulloso, aunque sabía pedir perdón en los momentos importantes. Habíamos sido amigos desde que tengo uso de razón, asique nos queríamos más como hermanos, que como amigos. Todas las chicas estaban locas por él. A Berni le gustaba esa atención, pero nunca había mostrado interés por ninguna.

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